Hablar de cinecomic, con la enorme base de fans que llevan consigo, siempre ha sido difícil. Especialmente en los albores de 2022, un período histórico en el que la historieta se ha convertido en un fenómeno de masas en todos los aspectos. El Universo Cinematográfico de Marvel es una realidad consolidada y construida con diversas piezas, más o menos apreciadas, a lo largo de los años. A mosaico tan impresionante, sin embargo, ciertamente no puede dejar de mostrar algunos tejer no del todo a la altura de los demás, pero que aún logran sostener y dar, a su manera, un valor a la construcción del conjunto. Este fue el caso con Veneno (2018) de Ruben Fleischer, quien se propuso contar los orígenes de uno de los némesis más famosos de nuestro amigable vecindario Spider-Man. El resultado fue ciertamente un trabajo apreciable, pero que no logró convencer por completo a críticos y entusiastas, reduciéndose casi a un bonito prólogo sin ningún tipo de análisis en profundidad. Huelga decir que tres años después, si se pregunta el seguimiento esperado Veneno: Furia de Carnage ha dado en el blanco donde su predecesor falló, es sin duda una pregunta legítima, pero que muestra el lado de una respuesta no del todo a la par Expectativas.

La película comienza con un escena retrospectiva que nos proyecta directamente en el orfanato de St. Estes, la sala de estar de un inestable y atormentado Cletus Kasady (Woody Harrelson), el principal antagonista de este capítulo - que apareció ya en los momentos finales de la primera película - que ve a los policías quitándole su único atisbo de normalidad, Frances Berrison (Naomie Harris). Poco después, los eventos continúan donde lo dejamos la última vez, con Eddie Brock (Tom Hardy) con la intención de obtener una entrevista exclusiva con Kasady, con la esperanza de descubrir dónde ha escondido el asesino en serie a las víctimas de los numerosos crímenes perpetrados a lo largo de los años. Gracias a la ayuda de Venom, sin embargo, nuestro protagonista logra identificar la posición de los cuerpos ante la policía, determinando así definitivamente el final de Cletus y, al mismo tiempo, un renacimiento de su imagen. O al menos, eso es hasta que Kasady hace contacto con el simbionte de Brock dando así a luz a Carnicería. Cletus y el nuevo simbionte ahora tienen dos objetivos diferentes - encontrar a la mujer amada por el primero e imponer su superioridad a Venom por el segundo, derrotándolo - pero el mismo medio para llegar a ellos: un solo cuerpo.

Es bueno reiterarlo de inmediato: esta secuela, dirigida esta vez por Andy Serkis, no difiere en lo más mínimo de su predecesor, y es evidente cómo no era la intención del director hacerlo en lo más mínimo. La película toma exactamente el mismo estilo desenfadado de hace tres años, los mismos rasgos estilísticos idénticos, y los vuelve a proponer, aunque de forma decididamente más concentrada, teniendo en cuenta la duración de la proyección. Y es precisamente por eso que una de las principales ventajas de esta secuela se encuentra quizás sobre todo en el Ritmo: suave, rápido, directo a la conclusión. Quizás un poco demasiado, tanto que el final de la historia se vuelve predecible casi de inmediato. Entre escenas de acción claro, bien cuidado y girar, llegarás a ver los créditos casi sin darte cuenta. Y esto ni siquiera sería un gran problema, si no fuera porque, además de uno sabio puesta en escena general - aunque sea demasiado escolar - realmente no parece haber mucho más que pueda sorprender.

El deseo del director de mantener inalterado el estilo irreverente de la primera película es ciertamente aceptable y funciona. Extremadamente, sin embargo, el tono de comedia oscura también en esta secuela ha dado lugar a dos conjuntos principales de problemas: hizo que el cómic Venom se alejara aún más de lo que trajo a la pantalla, y sobre todo menospreció la figura de Carnage, aplanando así también el antagonismo que podría haberse desarrollado y analizado entre las dos contrapartes con una mirada más crítica. El simbionte rojo nace de una manera decididamente tosca, y no logra adquirir una profundidad que pueda hacerla memorable. La trama descansa sobre una base decididamente débil y, como se anticipó, se desarrolla de acuerdo con una sucesión de eventos predecibles y telefónicos. Un estilo narrativo dedicado a sí mismo y sobre todo a no te tomes en serio pero que podría haber evolucionado hacia algo más, en lugar de seguir servilmente lo que se hizo hace tres años.

Los personajes se agregan a un menú que no es particularmente popular: si las actuaciones de Hardy y Harrelson de alguna manera logran apoyar la escena, esto se rompe lamentablemente tan pronto como observamos a todos los demás actores secundarios. No solo estos no se exploran desde un punto de vista psicológico, resultando, por tanto, plano y banal, pero en ciertas escenas parecen actuar sin ninguna lógica, obligando al espectador a adaptarse a una forma de hacer las cosas cinecomic - el de principios de la década de XNUMX - lineal, ya visto y revisado e, inevitablemente, desactualizado. No obstante, el director parece hacer un guiño a un tercer capítulo casi inevitable, especialmente considerando el escena posterior al crédito que, tan sorprendente como es y ciertamente capaz de Da una sonrisa para la gran mayoría de los fanáticos, ciertamente no es suficiente para mejorar la calidad general de la película.

Evidentemente, todo esto no debe llevar a pensar que no hay nada que salvar y que la película no tiene aspectos positivos. Venom: Carnage's Fury tiene, sin embargo, la cualidad de tomar las fortalezas de su predecesor y mejorarlas significativamente.. Y al igual que el largometraje de 2018, es divertido y, al hacerlo, le va bien. Todo sin pretensiones de ningún tipo y sin la intención - o forzar - de mostrarse más compleja o profunda de lo que realmente es. Tom Hardy sigue siendo Tom Hardy y en esta ocasión el reparto se enriquece con la interpretación de Harrelson, quien consigue dar bastante credibilidad a su Carnicería. Los efectos especiales también son encomiables: la realización técnica CGI de los dos simbiontes es encomiable, y sus minutos en pantalla son ciertamente un placer para la vista.

Venom: Carnage's Fury representa, en definitiva, el intento de elevar la calidad de la película anterior. Un intento de ser apreciado, que en general funciona, pero que lamentablemente no se puede decir que sea del todo exitoso.. La intuición de querer seguir la misma pista que el primer capítulo es acertada pero, precisamente por eso, este nuevo capítulo no logra adquirir una dignidad propia. nace con límites premeditados que lamentablemente no logra superar. Ideal especialmente para fanáticos, para quienes han apreciado la atmósfera ligera e irónica de Venom (2018) y para quienes, en general, buscan solo una hora y media de diversión por sí misma. Y si esto es ciertamente una ventaja por un lado, por el otro, lamentablemente también una gran verguenza.