Pero, ¿queremos hablar sobre cómo los usuarios generales perciben los videojuegos para un jugador? A estas alturas en el imaginario colectivo un videojuego diseñado para ser disfrutado en solitario debe cumplir con ciertos estándares marcados por esos 4/5 títulos que a lo largo de los años han logrado un éxito mundial casi inalcanzable. Éxito no tanto en números, sino en saber situarse como punto de referencia para un tipo de producto concreto. Obviamente estoy hablando de los diversos The Last of Us, Uncharted o el último God of War (antes de calentar: no son el tema de la controversia). El videojuego para un jugador DEBE ser cinematográfico y crear patetismo en cada escena.

El haber reiterado durante años un modus operandi en la realización de videojuegos cada vez más estandarizados sobre estos pilares ha llevado al usuario medio, que en la última generación se puede decir que corresponde mayoritariamente a usuarios de Sony dados los altísimos números de PlayStation 4, a no pudiendo concebir otra cosa que lo que le sirven una o dos veces al año las exclusivas dedicadas a su consola favorita.

Cuenta la leyenda que a algunos les explotó el cerebro después de probar Super Mario Odyssey.

Obviamente, los inteligentes de la industria de los videojuegos, viendo el éxito y la calidad de los títulos producidos en promedio para la línea de PlayStation, han pensado bien a lo largo de los años que ese modelo siempre podría ser un ganador. De hecho, la última generación de videojuegos se ha caracterizado por un número creciente de títulos basados ​​en una narrativa claramente guiada, fomentando cada vez más esa percepción del jugador medio mencionado en el prefacio de esta polémica.

No hay solo ESTOS títulos, por supuesto. Hablo de percepción. Somos gamers atentos e informados, con nosotros estas charlas no son válidas. El problema son los que se quejan de que los videojuegos son todos iguales: no es culpa suya y no es culpa de la falta de títulos para un jugador que puedan sorprender o salir de la caja.

La controversia

Evidentemente, esto no quiere decir que este tipo de valores sean malos o que sean cualitativamente malos, todo lo contrario. El problema es que no hablamos de otra cosa. La consecuencia es que toda esta serie de (bonitos) videojuegos, por sus características, han creado una tendencia enfermiza y totalmente lejana frente al propio concepto de videojuegos:

"No es necesario giocare The Last of Us 2 si puedo Míralo en Youtube"

Si tienes un primo, pregúntale cuál fue el último juego que jugó. Si te respondiera comenzando la frase con: "La semana pasada salió el ciego de ...", solo tienes una cosa que hacer: vencer a NOOO en el sentido ... quise instruirle que en realidad el mundo es hermoso porque es variado, en Navidad debe pedir la Paz del mundo y, sobre todo, hay que JUGAR a los videojuegos.

Basta con mirar los grandes eventos en los que se presentan resúmenes de nuevos videojuegos: ¿sabes cuándo vas al cine (no en 2020 eh, por así decirlo), te sientas y empiezas los trailers de las nuevas películas que vienen? Aquí. ¡Ya basta de cinemino! Alguien incluso empezó a hablar sobre la fotografía de Ghost of Tsushima… pero ¿en qué nos estamos convirtiendo? Críticos de cine?

No es culpa de nadie y algunos de estos juegos son obras maestras que permanecerán para siempre en el imaginario colectivo de la historia de los videojuegos. Esta controversia quizás tenga su origen en el riesgo creciente que el mercado AAA supone para los bolsillos de los desarrolladores. Supongo que es mejor ir a lo seguro. ¿Quizás necesitamos bajar los estándares? ¿Quizás se necesitan más producciones capaces de posicionarse estratégicamente entre triple A e indies?

Títulos originales para un jugador que realmente merecen ser vividos, y no vistos, hay tantos como quieras. Solo tenemos que buscarlos. El problema es que ahora menos de 9 de cada 10 todo apesta, ¿verdad?