PrincipioHablar de una película realizada por un director como Christopher Nolan no es fácil. Es como si un tren pasara frente a tus ojos e inmediatamente después alguien te pidiera que indicases sin demasiadas incertidumbres la identidad de cada pasajero individual dentro de los vagones. Se necesitarían otros pasos, nuevas miradas, diferentes puntos de observación útiles para encontrar información que el cerebro no podría procesar por completo. Porque no estaba preparado, ni siquiera había prestado atención al silbato de llegada del tren. Desprevenido, en cuanto a la visión de Principio. Una palabra, muchos puntos de vista dentro. ¿Tiene sentido codiciarlos a todos al mismo tiempo?

Principio"No trates de entenderlo ..."

El protagonista (John David Washington) es un agente de la CIA que tras una operación en Ucrania es reclutado por una organización secreta con el objetivo de evitar una tercera guerra mundial. ¿Suena como una trama trivial? Bueno, no lo es. Porque el campo de batalla y los contendientes, en este caso, no son tan obvios. De hecho, en el futuro, la ingeniería de guerra descubre una tecnología que te permite invertir la entropía de los objetos, lo que le permite retroceder en el tiempo. Una variable, capaz de subvertir las reglas para quienes sean capaces de explotarla. Esta es la piedra angular, el núcleo fundamental sobre el que descansa Tenet y a partir del cual el director comienza a trazar las líneas de su narración, involucrando también la representación real de los hechos. Una representación extraordinaria, por momentos simplemente impactante, que coloca frente al espectador algo no fácilmente digerible en conceptos pero que, al mismo tiempo, le pide que no lo piense más de lo necesario y disfrute del espectáculo.

Las obras de Nolan, históricamente, están llenas de encanto y misterio. Juegan con el tiempo y con la mente del espectador, confiando en reglas que conocen, en las que tienen certezas, y luego se divierten desarmandolas y volviéndolas a ensamblar pieza por pieza, sin permitirse jamás burlarse de ellas. Y con el mismo respeto, en esta ocasión, el cineasta británico sube el listón y propone algo loco, visionario, que parece conjugar todo el genio más loco mostrado en su filmografía para alcanzar su cúspide artística: el cenit. El resultado es la que quizás sea su obra más compleja e intrincada. Eso abre la mente. Señala las convicciones y comienza a descomponerlas, a deformarlas, como si tuviera en las manos un pequeño cubo de Lemarchand de memoria barkeriana, listo para procesar algo desconocido. La acusación a menudo dirigida contra Nolan en el pasado es la de insistir demasiado en la explicación de conceptos. Pero este no es el caso. Lo que lo ha convertido en uno de los directores más influyentes y reconocidos de la era moderna es probablemente la capacidad de encantar y fascinar al espectador con algo finamente complejo, cuidando, sin embargo, de nunca hacerlo sentir estúpido y de poner toda la información adecuada frente a él. proporcione las respuestas que debería haber recibido. No esta vez.

En el caso de Tenet, lo que pide el director es un acto de confianza. Tener fe. Para dejarse llevar por algo sorprendente, más inquietante aún de lo habitual. Dejar que la mente procese la información proporcionada, aunque rompa sus creencias, y aceptar lo que a primera vista se percibe y asimila como una anomalía. A cambio, devuelve algo inexplorado y alienante incluso a nivel técnico, con escenas únicas capaces de representar simultáneamente diferentes puntos de un mismo hilo narrativo y hacerlo de forma convincente, gracias también al excelente trabajo realizado por los intérpretes y a la a veces soberbia escritura de los personajes. , en el que se encuentra el carismático villano protagonizado por Kenneth Branagh. El resultado es un Nolan de espíritu libre, prácticamente ilimitado tanto en la dirección como en la escritura, haciendo de su película más difícil de digerir, la más elitista. Definitivamente no para todos. Tomando un riesgo calculado, tomado en el momento adecuado de su carrera.

Principio"Tienes que empezar a mirar el mundo de otra manera"

La excelencia, como se mencionó, no se detiene solo en el director británico. Pide a los espectadores que se pongan en sus manos y se dejen abrumar por Tenet, mientras que al mismo tiempo vuelve a la confianza depositada en él por el espectador y su predisposición al asombro. Un salto al vacío mutuo en el que, sin embargo, elige sabiamente a los profesionales a los que acompañará: John David Washington ha caído a la perfección en el papel del Protagonista frío y se le une un Robert Pattinson que trae magistralmente al escenario lo que es el personaje más enigmático del guión, superado en encanto solo por el citado villano de Branagh. Todos los personajes están brillantemente escritos, en sus rasgos y en sus historias, con pocas manchas, para confirmar el indiscutible talento autoral de Nolan que no sufre la ausencia de su hermano Jonathan a su lado.

El director británico abre la nueva temporada cinematográfica empaquetando lo que quizás no sea su mejor obra y que probablemente no sea la más apreciada por las masas, pero que sin duda representa su culminación artística y la esencia de su idea de cine. Una película valiente desde casi todos los puntos de vista, en la que el cineasta londinense apuesta por sí mismo y por el público, con la ambición de que no se pierda en el examen maniático de los vagones de inmediato, sino que comience, por una vez, a escuchar atentamente el silbido de su fascinante y enigmático convoy.