Luego del debut con reserva de la primera Yooka-Laylee, Playtonic Games propone una nueva aventura del improbable dúo de camaleones y murciélagos dando un paso atrás en las dimensiones. Con The Impossible Lair volvemos a los orígenes del género, en una plataforma bidimensional que reserva una interacción 3D solo en el mapa de selección de nivel. El juego se puede jugar con la mano. Stand de Microsoft de gamescom, que como de costumbre era uno de los más grandes y dedicaba un amplio espacio a las pequeñas perlas independientes.

Si el primer capítulo fue un claro homenaje a Banjo-Kazooie, en este parece claro la influencia de Donkey Kong Country, otro aclamado título de Rareware, desde los primeros momentos del juego. No es que esto sea un defecto, pero a veces parece que se juega una versión "repintada" del 16-bit original, ya que algunos movimientos son similares. También los patrones de movimiento de los enemigos y los elementos presentes en la pantalla parecen "ya vistos".

La jugabilidad sigue siendo buena, aunque se puede mejorar en términos de inercia de los protagonistas, que tienden a moverse de una manera ligeramente leñosa, especialmente al comienzo de un movimiento. Dificultades que son cualquier cosa menos insuperables, y una vez que se toman las medidas necesarias, es posible moverse con facilidad.

Lo el estilo gráfico se promueve sin reserva: caricaturesco y colorido, es un placer jugar. A este respecto, la transición a las dos dimensiones ciertamente se ha beneficiado. Menor entusiasmo por el compartimento de sonido, un poco anónimo. La música y los efectos de sonido acompañan la acción decentemente, pero desafortunadamente se detienen allí.

La gran incógnita en torno al título radica en cómo el producto completo podrá ser atractivo y atractivo. Difícilmente será un mal juego, pero ese quid que lo eleva de una manera deseable podría faltar. Incluso su predecesor sufrió este problema y el veredicto recayó en los jugadores individuales: algunos lo apreciaron y lo amaron, otros lo rechazaron sin ningún problema. Por lo tanto, la sentencia de apelación corre el riesgo de ser la misma.

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